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Aborígenes en el Almendares

por Lázaro Juan Montano, estudiante de Periodismo

La Habana, 29 nov- Para los residentes de la capital quizá resulte increíble el hecho de que en esta urbe se encuentren restos del pasado más remoto de nuestro país. Acostumbrados al ruido de la ciudad y los edificios, probablemente ignoren sobre el residuario aborigen encontrado en el kilómetro 3,5 de la carretera de Rancho Boyeros, el cual constituyó el primer hallazgo que prueba la existencia de una permanencia indígena en esta zona.

Dicho suceso aconteció de manera imprevista mientras se efectuaban excavaciones industriales frente al río Almendares, también conocido por «Casiguaguas», nombre otorgado por los aborígenes.

Según el trabajo «Historia del Cerro», de Carlos Bartolomé Barguez, historiador del municipio Cerro, las piezas fueron recolectadas en 1968 por los especialistas Milton Pino y Ramón Dacal, del Departamento de Arqueología; después de eso, el sitio permaneció abandonado durante más de veinte años.

El doctor en Ciencias Ovidio Ortega Pereira, al frente de un grupo de especialistas reanudó el trabajo en enero de 1992, concluyendo con los descubrimientos que ellos mismos denominaron «Casiguaguas I», en alusión al río y por ser el primer hallazgo primitivo en el área.

Resulta imposible ofrecer un veredicto exacto del tiempo de existencia de cada una de las piezas encontradas, sin embargo, Ortega Pereira estima en el libro Las comunidades mesolíticas de Cuba. Estudio de un sitio arqueológico aborigen en el Cerro: «… cualquier estratificación aparente de las evidencias arqueológicas, no ofrece información cronológica. (...) No obstante, podemos calcular, a priori, que el sitio estaba habitado hacia el año 500 A.N.E».

Cuenta Humberto Tellería Valdés, también historiador del Cerro, que las pruebas arqueológicas se encontraron entre los 1,30 y 1,90 metros de profundidad. Se empleó durante la excavación la técnica de estratigrafía artificial por capas de 0,20 metros y posteriormente una trinchera de 2x2 metros, usando el sistema de coordenadas cartesianas y mediante la estratificación natural del sitio.

Estos aborígenes pertenecieron a los llamados arauacos o arawacos, como también se les conoce. Llegaron a costas cubanas hace 4 500 años aproximadamente, según cuenta Bartolomé Barguez: «De emigraciones procedentes de la Isla de la Juventud, Guanahacabibes y Ciénaga de Zapata, se pobló el Almendares. La comunidad indígena asentada allí se considera pre-agroalfarera, de economía apropiadora y tradición mesolítica (uso de la piedra)», abunda.

Los restos de gasterópodos (caracoles y babosas marinas), y crustáceos, sugieren el uso de embarcaciones para la pesca.

El residuario encontrado, explica Tellería Valdés, se corresponde a la cultura Siboney, nombrada igualmente «Cultura de Caracol», por sus trabajos con las conchas de los moluscos, lo cual hace suponer, poseían canoas u otro tipo de barcas para la obtención de estos materiales.

Entre las piezas extraídas destacan vasijas, platos percutores, tajadores, laminillas, muescas, núcleos microlíticos y una gubia biselada (objeto para realizar cortes) que fue donada al museo municipal, la cual puede ser vista entre sus colecciones actuales, junto a otros elementos de relevancia.

(Granma)

Editado por Maria Calvo
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