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Cuba: La Protesta de Baraguá

por Rafael de la Morena Santana*

El 15 de marzo de 1878, en defensa del honor de las armas mambisas, surge la legendaria Protesta de Baraguá, estallido de la rebeldía cubana, protagonizado por el Mayor General Antonio Maceo Grajales, quien, ante los intentos de apagar la luz de la Revolución emancipadora, defendió la continuidad de la lucha con un pensamiento tan brillante como la hoja de su machete.

Este hecho grandioso fue la viril respuesta al Pacto del Zanjón firmado el 10 de febrero anterior por el llamado Comité del Centro, por el cual la mayor parte de las fuerzas de Las Villas, con la honrosa excepción del Coronel Ramón Leocadio Bonachea, y las del Camagüey, aceptaron poner fin a la confrontación armada entre el Ejército Libertador y la metrópoli española, iniciada el 10 de octubre de 1868.

Las causas directas de esta infausta claudicación se encontraban en las divisiones que se manifestaron entre los patriotas, entre ellas las de la emigración entre los "quesadistas", seguidores de Manuel de Quesada y "aldamistas", los de Miguel Aldama, cuyo resultado fue el cese del envío de las expediciones con armas, pertrechos y hombres, recursos tan necesarios a los mambises.

Otro factor fue la destitución del Hombre de La Demajagua, el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, de la Presidencia de la República en Armas, por intrigas innecesarias entre hermanos de lucha, la Sedición de Lagunas de Varona y el Motín de Santa Rita, que perjudicaron la disciplina militar, el regionalismo de los villareños que rechazaron a sus jefes de otras provincias, y las ambiciones de algunos que hasta crearon un "cantón independiente".

Estos problemas internos llevaron a los cubanos "a dejar caer la espada" como dijera luego el genial José Martí.

Sin embargo, en el Departamento Oriental de la Revolución, principalmente las zonas de Santiago de Cuba y Guantánamo, regiones de gran riqueza económica, con las áreas montañosas más notables de la Isla, que estaban bajo el mando del Jefe de esa División Militar Mambisa, el Mayor General Antonio Maceo Grajales, la noticia cayó como un rayo en cielo despejado.

Allí imperaban el machete, las cargas de caballería y la purificadora tea incendiaria de los mambises. La indisciplina era desconocida, en ese momento de la Guerra de los Diez Años, las huestes de Maceo y sus tenaces auxiliares, los altos oficiales Guillermo Moncada, Flor Crombet, Pedro Martínez Freyre, José, Tomás y Rafael Maceo entre otros revolucionarios, hacían morder el polvo a los más selectos batallones ibéricos.

Maceo, ejemplo, reflejo y estampa de una combatividad inquebrantable, era el ídolo de unas tropas invencibles, que a pesar de las penurias, la falta perenne de municiones, la escasez de medicinas y la superioridad manifiesta del enemigo equipado con el más moderno armamento de la época, habían convertido, por sus numerosos éxitos, el territorio desde Holguín hasta Baracoa, en el extremo oriental cubano, en un baluarte inconquistable de la Revolución.

La fuerzas del Ejército Libertador comandadas por Maceo, ascendido a Mayor General en los primeros días del propio 1878, aguerridas y cohesionadas, mientras se fraguaba la conspiración antipatriótica que llevó al Zanjón, obtuvieron resonantes triunfos: cerca de Palma Soriano el 29 de enero, asalto a una columna que conducía un convoy militar que se captura de forma íntegra, incluidas 50 000 balas.

También el combate de la Llanada de Juan Mulato, el 4 de febrero, el de Tibisí el 8 de febrero y la aplastante victoria de San Ulpiano el 9 de ese mismo mes, donde se aniquiló al afamado batallón hispano de San Quintín, causándole 245 bajas entre muertos y heridos.

Resultó que los prestigiosos oficiales cubanos, Brigadier Rafael Rodríguez y Comandante Enrique Collazo, visitaron al Titán de Bronce en su campamento para informarle lo ocurrido, los acompañó el Mayor General Máximo Gómez, quien quería explicar sus razones a su antiguo subalterno y aventajado alumno, al que lo unía una estrecha camaradería forjada en decenas de combates.

El caudillo oriental los acogió con caballerosidad y luego de escucharlos expresó que él no aceptaba el Pacto, los invitó a saludar y despedirse de su familia y le dijo a su entrañable Gómez "que no era posible lo dejase solo en el campo en el que juntos habíamos combatido".

Entonces actuó el líder indómito, envió emisarios a las diferentes comandancias orientales y recibió respuesta afirmativa de la mayoría de ellas, incluidos los controvertidos Vicente García y Limbano Sánchez, había que alzar entre todos la bandera de la Estrella Solitaria.

Se pasó la solicitud de una entrevista al Mando enemigo y esta quedó acordada para el 15 de marzo de 1878.

El encuentro, que tuvo amplia publicidad por la prensa, se realizaría en la sabana de los Mangos de Baraguá, jurisdicción de Palma Soriano, Oriente.

El país quedó en espera de lo que iba a decidirse allí. Por la parte española estuvieron presentes el General Arsenio Martínez Campos, Jefe militar de la colonia, los brigadieres Camilo Polavieja y Narciso Fuentes y los coroneles José Arderius y Alejandro Moraleda, aparte de una pequeña escolta.

La relación de oficiales mambises en la cita abarcaba tanto a iniciadores de la contienda como a negros y mulatos libres y ex esclavos que ascendieron a planos de dirección militar a puro coraje. Baste mencionar al Mayor General Manuel Calvar, los brigadieres Félix Figueredo y Guillermo Moncada, entre muchos otros altos jefes de las fuerzas libertadoras.

Los protagonistas principales de la breve reunión fueron Martínez Campos por los ibéricos y Maceo, Calvar y el Doctor Félix Figueredo por los revolucionarios.

Allí los patriotas exigieron la independencia y la abolición de la esclavitud, que eran los objetivos de diez años de guerra, era inaceptable lo pactado con el Comité del Centro, los mambises presentes estaban resueltos a batirse por la redención nacional hasta las últimas consecuencias.

El Jefe español fracasó ante la intransigencia revolucionaria de Maceo, no pudo ni leer los artículos del Pacto, ni hablarles personalmente al resto de los combatientes mambises presentes, ni demorar la reanudación de las hostilidades, al marcharse malhumorado y sorprendido, pudo escuchar la voz de trueno del capitán Florencio Duarte al anunciar el reinicio de la contienda a las tropas libertadoras acampadas en el lugar: "¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!"

En aquel escenario, la dignidad de la causa cubana quedó renovada, y como expresara el líder cubano Fidel Castro al referirse al espíritu de la Protesta de Baraguá: "allí salvó la gloria, salvó la idea, salvó la bandera, aquel coloso, Antonio Maceo, con su gesto verdaderamente inmortal".

Ese mismo día se reunieron las principales figuras revolucionarias presentes en Baraguá y Maceo orientó la confección de una nueva Constitución. Esta fue redactada por Fernando Figueredo, Félix Figueredo, el puertorriqueño Juan Rius Rivera, Pedro Matínez Freyre y Modesto Fonseca. Fue la base del Gobierno electo por los combatientes para dirigir la guerra, donde predominaron los militares.

El Presidente resultó el Mayor General Manuel de Jesús Calvar, como Secretario el Teniente Coronel Fernando Figueredo y como vocales el Coronel Leonardo del Mármol y el Teniente Coronel Pablo Beola.

La Protesta de Baraguá nos legó una significación histórica en la que destaca la continuidad de la lucha armada por la Independencia, los esfuerzos y sacrificios de un decenio de rudo combatir se convertían en tradiciones de lucha para el pueblo, de cuyo seno más humilde han salido el gran líder que sostiene la bandera de la Patria y sus principales colaboradores, la intransigencia revolucionaria del Mayor General Antonio Maceo Grajales, determinó que para Cuba solo había un camino: alcanzar la libertad y la soberanía nacional con las armas en la mano.

Es por eso que hoy, a 136 años de aquel crucial acontecimiento, se mantiene vigente el juicio del más universal de los cubanos, el genial José Martí Pérez, Apóstol y Héroe Nacional de Cuba, quien expresó, refiriéndose al legendario hecho con su verbo sin igual: "La Protesta de Baraguá, lo más glorioso de nuestra Historia".

*Profesor Asistente del Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas (INSTEC) y colaborador de Prensa Latina.    
 
Editado por Martha Ríos
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