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Centro Martin Luther King Jr: 30 años tejiendo redes por Cuba

El Centro Martin Luther King Jr. (CMLK) arriba hoy a sus 30 años de fundado. A la luz de tres décadas de historia, mucho podría escribirse sobre el trabajo sostenido desde que los pastores Raúl Suárez y Clara Rodés pusieran su primera piedra en el pueblo capitalino de Marianao: los proyectos en la comunidad de Pogolotti, la formación de educadores populares a lo largo de toda la isla, la solidaridad con procesos democráticos en América Latina o los constantes lazos que se han tendido entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos…

Con sus raíces en una localidad habanera, lo cierto es que el centro ha logrado expandir sus semillas y hoy mira al futuro con sueños de seguir creciendo.

Para homenajear este aniversario, Cubadebate conversa con varios miembros de la familia del CMLK, quienes comparten cuánto hacen a diario por su localidad, por Cuba y por la región, gracias a los aprendizajes y el acompañamiento de esta asociación macroecuménica.

El momento fundacional

Al recordar algunos de los momentos decisivos en la historia del Centro Martin Luther King Jr., el reverendo Raúl Suárez evoca un encuentro del que formó parte el 14 de noviembre de 1984, en el que participaron el Comandante en Jefe Fidel Castro y 14 líderes ecuménicos. En ese entonces, se plantaría la primera semilla que luego tendría por fruto el CMLK.

“Tuvimos un conversatorio donde le entregamos a Fidel un documento donde expresábamos nuestra identidad con el proceso revolucionario socialista, y señalábamos  ciertos problemas de incomprensión que, por creencias religiosas, persistían en el país, así como la necesidad de que la iglesia tuviera un espacio más activo en la sociedad”, rememora Suárez.

En ese contexto, explica el Reverendo que ninguna iglesia en la isla desarrollaba proyectos comunitarios; mientras que muchos hombres de fe soñaban con sacar a la iglesia de las paredes de sus templos e incidir en la sociedad de un modo más activo.

“Queríamos expresar nuestro cariño, amor y solidaridad con el pueblo y sentíamos que eso lo podíamos hacer desde una perspectiva cristiana, pero, al mismo tiempo, revolucionaria y socialista. Eso fue bien comprendido por Fidel, y al final del encuentro surgió el compromiso mutuo de que nosotros trabajaríamos al interior de las iglesias para que se entendiera lo que la Revolución estaba haciendo; mientras que él haría lo mismo en el seno del Partido, el gobierno y el Estado”, agrega Suárez.

“La idea nuestra con más tarde crear el Centro fue precisamente fundar una organización de inspiración cristiana que no fuera necesariamente una iglesia: una organización de la iglesia, para la iglesia, pero esencialmente para nuestros testimonios en la sociedad”, recuerda, al asegurar que el líder de la Revolución cubana había posibilitado que se dieran pasos más concretos con relación al mejoramiento de las relaciones Iglesia- Estado.

Así, en 1985 fue colocada la primera piedra del Centro Martin Luther King Jr. en Marianao, y en 1987, fue finalmente inaugurado. “Ese fue un momento decisivo no solamente para nosotros, sino para la historia del movimiento ecuménico cubano y para el país, porque a partir de ahí abrieron muchísimos centros como el nuestro en toda la isla”.

Con el corazón en Pogolotti

En la calle 53, entre 96 y 98, está ubicado el Centro Martin Luther King Jr., bien cerca de la conocida esquina de 100 y 51, y donde la vida del municipio capitalino Marianao fluye sin detenerse. Para el miembro fundador del CMLK, Félix Yanes Suárez, uno de los grandes retos que acompañó a esta asociación desde su nacimiento fue el hecho de salir de la iglesia, y comenzar a trabajar  por la comunidad donde estaba enclavada.

“Esto es algo  central en nuestro trabajo. No solo buscar alianzas con personas que provienen de la iglesia, sino con aquellos que no profesan lealtades religiosas”.

Suárez relata que los primeros proyectos que surgieron tuvieron por centro al barrio de Pogolotti. “Al principio eran muy sencillos, fundamentalmente arreglando aceras, pero el gran vuelco con esta comunidad y otras de Marianao llegó con la tormenta del siglo en el 93”.

Fue en ese entonces cuando el CMLK se lanzó a buscar recursos para contribuir con la reparación de viviendas en el municipio. “Así comenzaron este tipo de proyectos, que muy  pronto desbordaron Marianao, siguieron en otras localidades de la capital, y luego también saltaron hacia otras provincias, con la perspectiva de promover la participación; es decir, que las personas no fueran simples beneficiarios, sino que ellos también se convirtieran en sujetos de cambio dentro de su entorno”, comenta a Cubadebate Yanes.

“Cuando hablamos de Pogolotti para nosotros siempre tendrá ese simbolismo, es el útero, el lugar donde vivimos, y donde empezamos con todos nuestros proyectos”, asegura.

Cuando las iglesias salen de sus templos

Los resultados de trabajo del CMLK no se han quedado en esta localidad habanera. Al indagar sobre algunas de las tantas experiencias interesantes que se llevan a cabo en el país gracias a su acompañamiento, conocimos del trabajo de dos iglesias, la de Taguasco, en Sancti Spíritus, y la de los Palos, en Mayabeque, que gracias a las herramientas de la educación popular han transformado su relación con la comunidad.

“Nuestra iglesia antes tenía un servicio hacia la comunidad, pero era más asistencialista. Con esta nueva metodología aprendida en el CMLK comenzamos a tener una visión más crítica, y empezamos a trabajar con las personas para que ellos se convirtieran en sujetos capaces de cambiar su realidad”, explica Anays Noda Linares, líder de la iglesia de Los Palos.

Así, de experiencias como la formación a instructores de arte, trabajadores sociales, profesores, psicólogos, y el acompañamiento a mujeres que eran violentadas, surgió lo que hoy en esa comunidad de Mayabeque se conoce como Centro Comunitario.

“Nos reunimos como iglesia, y nos dimos cuenta de que había gente que quería seguir haciendo y que teníamos las herramientas. Comenzamos entonces este Centro Comunitario como un servicio que debía salirse de las puertas de la iglesia, para apoyar a líderes formales en la comunidad como delegados, quienes necesitan de  la educación popular para poder desarrollarse en su medio”, comenta Anays a Cubadebate.

En la actualidad, el Centro cuenta con tres ámbitos de actuación: el acompañamiento y formación a delegados; la preparación de niños, adolescentes y jóvenes; y el sociocultural, donde se potencian los dones artísticos de la comunidad.

Igualmente, desde Sancti Spíritus, es similar la experiencia de la iglesia de Taguasco.

“Gracias a la formación que el Centro nos ha brindado se ha creado un grupo de  líderes muy fuerte, que ha permitido que nuestra iglesia no cierre sus puertas a pesar de que no cuenta actualmente con un pastor”, asegura una joven pareja de miembros de la Red Ecuménica Fe por Cuba, la joven socióloga Roselid Morales González y el informático Adonys López Gómez.

“La base del trabajo que nosotros utilizamos en la iglesia es la de la educación popular. Nos organizamos  a partir de grupos de jóvenes, mujeres, niños, y esa fraternidad  funciona para llevar a cabo nuestro funcionamiento”, aclara Roselid.

“Defendemos la concepción de que las personas no tienen que ir a la iglesia para que ella los asista, sino que la iglesia tiene que ir a las personas y romper esas barreras  que creamos nosotros mismos”, agrega.

Así, en Taguasco han nacido proyectos tan diversos como uno de costura, otro que brinda alimentación durante la semana a personas de la tercera edad, y un proyecto de lavado para dar servicios gratuitos a ancianos; así como al resto de la población por un precio muy módico.
De la comunidad a la formación de delegados del Poder Popular

Una de las experiencias más interesantes del CMLK en los últimos años tiene que ver con el acompañamiento a la formación de delegados del Poder Popular. En diálogo con Andrea Marta del Sol, especialista principal del Taller de Transformación del Barrio Alamar Este, y miembro de la coordinación de la red de educadores populares del territorio Habana, conocimos que, desde 2007, nació en el gobierno municipal de Habana del Este la idea de crear un espacio dentro de la Asamblea Municipal para la capacitación de delegados, a partir de la metodología de la educación popular.

“Así surgió un espacio que muchos conocen como la Escuela de Delegados de Habana del Este, que después fue mucho más que eso,  porque por ahí han pasado directivos y especialistas de distintas entidades municipales”, cuenta Andrea Marta.

Según explica, desde este núcleo se forman hoy delegados, líderes comunitarios y personas que trabajan en  proyectos vinculados al gobierno, como funcionarios de la Asamblea Municipal y del Consejo de la Administración.

“Tenemos  el orgullo de decir que la metodología nos ha servido  para movilizar y promover una participación activa, consciente y crítica en el trabajo de los delegados. El trabajo  de la red de educadores populares y su metodología están bastante legitimados. De hecho, hay muchos delegados y delegadas que ya no conciben un espacio si ellos no sienten que se está haciendo desde esa propuesta  formativa”, asegura Andrea Marta, quien también asumió la responsabilidad de ser delegada al Poder Popular durante el duodécimo mandato.

“Haciendo un análisis de esa etapa, puedo decir que fui la delegada que fui porque primero me formé como educadora popular. Recuerdo que tenía una electora que decía: “yo quiero que mi delegada se mantenga, porque es una delegada que dialoga”. Creo que esa cultura del diálogo es algo que también esta metodología nos ayuda a potenciar”.
Llegan las semillas a la educación superior cubana

Hasta la Universidad de Guantánamo han llegado también las huellas de 30 años de trabajo del Centro Martin Luther King Jr. En esta provincia fue fundada la primera Cátedra de Educación Popular que existe en el país, liderada por un  grupo de más de 25 profesores formados por el CMLK.

Perteneciente a la dirección de extensión universitaria de ese centro de altos estudios, desde la cátedra los profesores trabajan en coordinación con la FEU y la UJC, quienes se unen para llevar a cabo diversas acciones.

“La idea de la cátedra no es verla como encerrada en las paredes universitarias, sino como una red  que es más amplia y diversa y tiene actores sociales que se unen en alianzas de trabajo y propósitos”, dice Sandra de la Caridad Prieto, coordinadora de la Cátedra Paulo Freyre en la Universidad de Guantánamo.

“Este trabajo es muy importante porque muchas veces la educación popular se ve como que no tiene sustento suficiente, y que no es necesaria. La gente todavía no entiende bien qué es lo que le aporta la educación popular a la sociedad cubana y desde las universidades también”, considera esta profesora, para quien su vida tuvo antes y un después de formarse en el CMLK.

Solidaridad en América Latina

Como parte del trabajo de la Red de Educadores Populares, desde hace varios años se acompañan procesos de formación en América Latina. “Nuestro centro ya no es municipal, sino nacional y también internacional, por todo lo que estamos haciendo en El Salvador, Venezuela, Argentina, Brasil”, dijo a Cubadebate Raúl Suárez.

Según explica Llanisca Lugo, miembro del equipo de comunicación y solidaridad para la incidencia del CMLK, el centro  y las redes se han vinculado en los últimos años a acompañar movimientos en resistencia,  marchas, luchas muy concretas contra la criminalización y el libre comercio, mientras que igualmente varios cubanos han podido conocer de cerca qué significa el cooperativismo en América Latina. “Quizás ALBA Movimiento es de los referentes más sólidos, una articulación construida con movimientos de base de más de países de la región”, precisa.

Con esta misión sobre sus hombros llegó en 2015 la socióloga santiaguera Marilin Peña Pérez a El Salvador, para acompañar durante 18 meses al Frente Farabundo  Martí para la Liberación Nacional.

Con la llegada de Salvador Sánchez Cerén a la presidencia del país, el CMLK llegó a esa nación para integrar una Secretaria de Educación Política Ideológica, y acompañar el aprendizaje de formadores que pudieran desplegarse por todo El Salvador, para acompañar la labor de gobierno.

“Primero se ayudaron a diagnosticar las necesidades de demanda formativa, se formaron educadores y luego tuvimos la tarea  de consolidar un equipo de formadores integrado por unas cuarenta personas; así como estructurar un sistema de formación para el Frente que llegara desde el nivel nacional hasta los núcleos de base”, argumenta Marilin Peña.

“Fue un proceso súper interesante. A finales de 2015 ellos realizaron el primer Congreso del Partido funcionando desde estas lógicas, y asumieron como metodología de formación política de su partido la educación popular. Así lo declararon en su Congreso, y apareció en sus estatutos  que la educación popular sería el instrumento de formación de su militancia”, asegura esta santiaguera a nuestra página.

Acercando a los pueblos de Cuba y EEUU

Según explica Llanisca Lugo, miembro del equipo de comunicación y solidaridad para la incidencia del CMLK, el centro  y las redes se han vinculado en los últimos años a acompañar movimientos en resistencia,  marchas, luchas muy concretas contra la criminalización y el libre comercio, mientras que igualmente varios cubanos han podido conocer de cerca qué significa el cooperativismo en América Latina. “Quizás ALBA Movimiento es de los referentes más sólidos, una articulación construida con movimientos de base de más de países de la región”, precisa.

Con esta misión sobre sus hombros llegó en 2015 la socióloga santiaguera Marilin Peña Pérez a El Salvador, para acompañar durante 18 meses al Frente Farabundo  Martí para la Liberación Nacional.

Con la llegada de Salvador Sánchez Cerén a la presidencia del país, el CMLK llegó a esa nación para integrar una Secretaria de Educación Política Ideológica, y acompañar el aprendizaje de formadores que pudieran desplegarse por todo El Salvador, para acompañar la labor de gobierno.

“Primero se ayudaron a diagnosticar las necesidades de demanda formativa, se formaron educadores y luego tuvimos la tarea  de consolidar un equipo de formadores integrado por unas cuarenta personas; así como estructurar un sistema de formación para el Frente que llegara desde el nivel nacional hasta los núcleos de base”, argumenta Marilin Peña.

“Fue un proceso súper interesante. A finales de 2015 ellos realizaron el primer Congreso del Partido funcionando desde estas lógicas, y asumieron como metodología de formación política de su partido la educación popular. Así lo declararon en su Congreso, y apareció en sus estatutos  que la educación popular sería el instrumento de formación de su militancia”, asegura esta santiaguera a nuestra página.

Una de las imágenes que mejor guardan en su memoria los habitantes de Pogolotti en relación con el CMLK son las caravanas de Pastores por la Paz llevando solidaridad a Cuba y tomando por escenario el pueblo de Marianao. Desde los inicios mismos del centro, se han tendido invaluables puentes entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos, incluso en momentos donde no se soñaba con una normalización de relaciones.

“El Centro siempre tuvo  relaciones con iglesias que unían comunidades en los Estados Unidos. La época de las visitas de Pastores por la Paz fue de las más visibles, pero desde antes ya se venían tejiendo lazos”, explicó Llanisca Lugo González.

Según asegura Lugo, con las licencias people to people en la actualidad se han multiplicado las visitas de estadounidenses al Centro, y cuando se realizan evaluaciones las personas aseguran haber conocido una Cuba de la que no tenían idea.

“Ello ha tenido una contribución pequeña en todo el esfuerzo que Cuba ha hecho por romper el Bloqueo estadounidense. Aquí estuvo Jimmy  Carter, aquí ha habido un esfuerzo grande  de acercar a los dos pueblos cuando  eso parecía imposible”, asevera Lugo.

Estas son parte de las huellas que ha dejado en Cuba el Centro Martin Luther King en 30 años de historia, un testimonio construido por sujetos populares comprometidos con el proyecto social cubano, quienes seguirán tejiendo redes por Cuba.

 Por: María del Carmen Ramón/Cubadebate.

 

Editado por Bárbara Gómez
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