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Falsas promesas para una invasión

Imagen de Archivo

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Por Jorge Wejebe Cobo

"!Tráiganme un pelo de la barba de Fidel!", fueron las palabras de despedida del dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza, a la brigada mercenaria a su salida hacia Cuba, desde Puerto Cabezas, en el Caribe nicaragüense, en abril de 1961.

Un directivo  de la CIA se sumó al entusiasmo  y le indicó al jefe de la expedición, un ex oficial de la dictadura de Fulgencio Batista,  que  al llegar a tierra "tomara un jeep, avanzara por la carretera, sacara la mano como quien va a doblar a la izquierda ¡y llegara directamente, hasta La Habana!".

Bajo esos buenos augurios partió la flotilla de barcos que transportó a mil 600 hombres de la llamada Brigada 2506, apoyados por tanques, artillería y aviación destinada a invadir la Isla por Playa Girón y Playa Larga, en la Bahía de Cochinos, en el sur de la occidental provincia de Matanzas, para lo cual se prepararon durante más de un año en bases estadounidenses y culminaron  en Guatemala y Nicaragua.

La operación de la Agencia Central de Inteligencia yanqui fue denominada Pluto y estaba  destinada a ocupar la mencionada región aislada por la Ciénaga de Zapata, la que solo se comunicaba con tierra firme por una estrecha carretera flanqueada por pantanos, lo cual auguraba la imposibilidad del avance de las fuerzas cubanas bajo el fuego de los invasores.

Además, prevían utilizar el pequeño aeropuerto en Girón como base de  operaciones de la fuerza aérea mercenaria.

Este enclave debería mantenerse por más de 72 horas para ser declarado territorio ocupado, al que arribaría un denominado gobierno en el exilio que esperaba en una base militar en la Florida, el cual ya en Cuba sería reconocido inmediatamente por la Casa Blanca, lo que  justificaría un apoyo masivo de EE.UU. y hasta su propia intervención militar directa, junto a sus cipayos de la región.

La planificación, en sentido general, se inspiraba en la Operación denominada bajo el criptónimo CIA PBSUCCESS, dirigida por Alan Dulles, director de esa agencia, durante el derrocamiento del gobierno  progresista guatemalteco  de Jacobo Arbens en 1954, por lo que la  mayoría de los responsables de la operación de Girón eran  estadounidenses veteranos de la asonada en Guatemala.

En teoría todo aseguraba el éxito y durante las jornadas de navegación  por el tranquilo Mar Caribe, en el ánimo de los expedicionarios  predominaba  un sentimiento de entusiasmo y de regodeo  en las esperanzas  de restauración de antiguos privilegios y de venganza muy  esperada  para  otros mercenarios ex miembros de los aparatos  represivos de la dictadura batistiana que pensaban  identificar y asesinar a los revolucionarios tras la derrota.

El día 15, cuando los barcos se encontraban cerca de las costas cubanas,  un grupo de aviones de la fuerza  aérea de la invasión pintados con insignias cubanas para hacer parecer una rebelión interna, atacaron los aeropuertos de Ciudad Libertad en La Habana, San Antonio de los Baños, al sur de la capital, y el de Santiago de Cuba, en el oriente del país.

La incursión perseguía el objetivo de acabar con los aviones del gobierno y lograr el completo dominio del aire de la invasión. Ese era el acto final de la preparación y fracasó, pero ninguno de los invasores se imaginó la terrible desilusión que les esperaba poco después en tierra.

Durante la madrugada del 17 de abril se dieron las órdenes y se aprestaron los mercenarios   para el desembarco en Playa Girón y Playa Larga, donde la realidad comenzó a transcurrir muy  diferente  a lo  esperado.

El primer grupo de milicianos que encontrarían en la costa, no se les sumó alegremente como les prometieron, sino que respondieron con fuego y les hicieron las primeras bajas.

La población civil, lejos de mostrarse como víctima de la “dictadura comunista”, apoyó a las milicias y cuando bajo amenaza se les conminaba a colaborar, respondían con el silencio a las propuestas.

Tampoco esperaban que desde el primer día en Cuba la supuesta destruida fuerza aérea cubana, resurgida como el ave fénix,  no le diera un minuto de  tregua.

Pero ese era solo el comienzo de las menos de 72 horas durante las cuales la entretenida aventura que les aseguró la CIA, se convirtió en un infierno hasta la derrota final ante los combatientes del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias, el 19 de abril.

(Tomado de la ACN)

Editado por Martha Ríos
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