Por
Aida Díaz Chang
La
naturaleza independiente, activa
y protagónica de la mujer
ha sido fuente de su rebeldía
desde la antigua Grecia. Cuentan
que Lisístrata, mujer de
un soldado ateniense, cansada de
la guerra, decidió reunir
a las esposas de éstos y
levantar una huelga de tipo sexual
para persuadirlos de firmar un acuerdo
de paz entre Atenas y Esparta y
que triunfó en su empeño.
Ya
a finales del siglo XIX se sucedieron
diferentes manifestaciones de protesta
por los abusos a los que se vieron
sometidas las obreras respecto al
pago y extensión de la jornada
laboral.
No
fue hasta principios del siglo XX
cuando se empezaron a proclamar
desde diferentes organizaciones
internacionales de izquierda la
celebración de una jornada
de lucha específica para
la mujer y sus derechos. Las exigencias
fundamentales versaban sobre el
derecho al sufragio, ocupar cargos
públicos, derecho al trabajo,
formación profesional y a
la no discriminación laboral.
Hechos importantes que marcaron
el sindicalismo femenino, están
relacionados con la Primera Guerra
Mundial y la Revolución Rusa.
Clara
Zetkin dirigente comunista alemana,
al frente de la revista “La
Igualdad”, propuso en 1911
en la Conferencia Internacional
de Mujeres Socialistas celebrada
en Copenhague, un día para
su celebración.
En
1917 como reacción ante la
muerte de 2 millones de soldados
rusos en la Primera Guerra Mundial
y poco antes del triunfo de la Revolución
de Octubre, las mujeres de ese país
decidieron emprender el último
domingo de febrero una huelga en
demanda de “paz y pan”.
Días después el Zar
se vio obligado a abdicar y el gobierno
concedió a ellas el derecho
al voto. Ese histórico día
fue el 23 de febrero, según
el calendario juliano, utilizado
entonces en Rusia, y 8 de marzo,
según el calendario gregoriano,
utilizado en otros países.
Una
cascada de sucesos en torno al reclamo
de derechos de la mujer, fueron
ocurriendo en diferentes países
de Europa y posteriormente en América.
En
Cuba la primera celebración
ocurrió en 1931. Desafiando
la dictadura de Machado, se reunieron
en una calle de la Habana Vieja,
Revillagigedo 8, un pequeño
grupo de mujeres comandadas por
Panchita Batet y Josefina Madera,
líderes de aquel momento.
En
1946 durante la tiranía de
Fulgencio Batista se fundó
la Federación Democrática
de Mujeres Cubanas, como una filial
de la Federación a nivel
internacional. La cruenta represión
de ese momento produjo reuniones
clandestinas de trabajo con el fin
de organizar la participación
femenina en la lucha por la liberación.
En 1958, durante la lucha insurreccional
en la Sierra Maestra, Fidel Castro
fundó el pelotón femenino
“Las Marianas”. De esta
etapa y hasta su muerte, el nombre
de Celia Sánchez Manduley
ha sido de obligada mención
por su activa inserción en
la obra revolucionaria.
En
1959 triunfa la Revolución
Cubana. Las mujeres se incorporan
a todas las tareas relacionadas
con la defensa del país y
la edificación de la sociedad
socialista.
El
23 de agosto de 1960 se crea la
Federación de Mujeres Cubanas,
que organizó y fusionó
el sector femenino del país,
para comenzar la ardua labor de
trastocar prejuicios. Su presidenta,
Vilma Espín, fue una luchadora
incansable por los derechos de la
mujer.
En
la constitución de la República
de Cuba, aprobada en 1976, fueron
reconocidos todos sus derechos,
constituyendo importante puntal
en todas las tareas de nuestra sociedad.
En
la última conferencia de
las Naciones Unidas por el Día
Internacional de la Mujer, se reconoció
que en Cuba 65% de los puestos técnicos
y profesionales están ocupados
por féminas y 38% ocupan
puestos de dirección. El
43.32% de los integrantes del Parlamento
son mujeres, siendo más de
8 de ellas miembros del Consejo
de Estado, de un total de 31 .
Los
tiempos cambian realidades y la
celebración de este día
en Cuba constituye una verdadera
fiesta de homenaje a la mujer.
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