Por Lohania Aruca Alonso
La mayor esperanza que tiene el
gobierno norteamericano para la
destrucción “pacífica”
de Cuba socialista en estos momentos,
consiste en la división interna,
entre los cubanos. Un momento excepcional:
la desaparición por causa
biológica de la “generación
histórica” - la que
llevó a cabo la insurrección
armada contra el gobierno del dictador
Fulgencio Batista y Zaldívar,
y unida a esta, la de los entonces
jóvenes que se les incorporaron
al triunfo del 1º de enero
de 1959- es este instante, al parecer,
cuando se provocará “inevitablemente”
un “vacío político”,
para el que posiblemente no habrá
sustitutos, adecuadamente reconocidos
y preparados, para enfrentar la
dirección revolucionaria,
y, por eso mismo, se produciría
una “marea de arribistas”,
que “inevitablemente”
chocarían violentamente con
los que estuvieran ya establecidos,
ocupando cargos en el gobierno del
Poder Popular o en la dirección
del Partido Comunista de Cuba. Esta
quinta columna, abriría el
paso a la contrarrevolución
para una toma inmediata del poder.
Desde luego, no hay que ser sabios
para comprender que los EUA de ningún
modo estarían dispuestos
a aceptar con pasividad una nueva
etapa de socialismo cubano, con
nuevos dirigentes. Así que,
preventivamente, intentan fomentar,
desde hace mucho tiempo, un escenario
de controversias internas, evidenciando
problemas que no se han resuelto
hasta el momento (por diversas causas
de orden objetivo o subjetivo),
y/o, aumentar la ansiedad por todos
los otros que aparezcan –a
consecuencia de la crisis capitalista
mundial, del cambio climático,
de una posible catástrofe
natural, por la actividad sísmica
o huracanes), o de alguna cosa que
afecte directamente a la población
y haga todavía más
difícil y conflictiva la
vida en Cuba-, en todos los casos,
habría ganancia neta para
los políticos encabezados
por Obama.
En apariencias, ellos no se comprometerían
ante la opinión mundial como
los responsables directos de la
situación; aunque, como la
gatica de María Ramos, esconderían
la mano con la que tirarían
“la piedrita mediática”
para magnificar el problema, confundir
a la misma opinión pública
mundial, y finalmente demostrar
“lo fallido” de la dirección
del Partido Comunista de Cuba, del
Estado y gobierno cubanos en “su
solución”. Aportarían
al caldo de cultivo lo sustancial,
para darlo a grandes cucharadas
en el momento más oportuno
y con objetivos lo más destructivos
posible.
Así, también, y desde
hace mucho tiempo, se ha venido
poniendo un freno, o muchos, a la
evolución normal de la situación
interna en Cuba; así, las
contradicciones no antagónicas,
no fundamentales, pero que, a la
larga, debido a que son muchas y
se acumulan por mucho tiempo, tienden
a convertirse cualitativamente en
verdaderos antagonismos entre la
población y su gobierno.
Todo es sutil, maquiavélico,
y sin prisas. Cuba no constituye
un problema real, importante y ¡urgente!
para la política externa
o domestica de los EUA. Al menos,
para Obama y la Secretaria de Estado
no tiene la magnitud que sí
tienen los desafíos que les
plantean ciertos países de
Suramérica.
Quizás podríamos identificar
este comportamiento del gobierno
de Obama, como una relación
“light!”, ligera o suave
hacia Cuba. ¡Mucho cuidado
con tal pensamiento!
Una lluvia de acciones destinadas
a desestabilizar la situación
interna y externa de Cuba, tienen
lugar por estos días, que
preceden al inicio de la primavera.
Provienen en parte del gobierno
de los EUA, pero, sobre todo de
la Unión Europea, que, cada
vez más, suena como el eco
de la política exterior estadounidense.
Se toman por los cuernos situaciones
que existen en la realidad (no se
inventan, ni se falsean totalmente
¡solamente se magnifican!),
como es el caso del fallecimiento
de un preso común, de la
raza negra, por motivo de una huelga
de hambre. Mientras que, otro “disidente”,
de la misma raza, hace una huelga
similar en la zona central de la
Isla, y reitera su disposición
a morir por sus “ideales”,
en contra del gobierno de los hermanos
Castro.
En este caso se trata de desacreditar
la tradición humanista de
la Revolución cubana en el
tratamiento a los presos, de cualquier
índole. El tratamiento al
ser humano, profundamente respetuoso
de su vida e integridad física
y mental -a pesar de ser un enemigo-,
ha sido, ante todo, una fortaleza
ideológica a lo largo de
la historia de nuestras luchas revolucionarias,
y nuestra Constitución socialista
así lo reconoce y respalda.
Declaraciones contra el racismo,
la homofobia, y muchos otros males
sociales en Cuba-fomentados y vigentes
durante más de tres siglos
de coloniaje, los cuales aún
no se han logrado erradicar, plena
y definitivamente en 51 años
de Revolución socialista
en el poder-, tratan de ocultar,
como las manchitas -a las cuales
recientemente se refirió
Pablo Milanés, en la entrevista
de marzo de los corrientes, publicada
por El País, España-
al sol, la lucha intensa que ahora
mismo se libra por mejorar las condiciones
materiales y espirituales de vida
de la población cubana (a
pesar del ingenioso bloqueo estadounidense),
y sosteniendo, a pesar de todas
las dificultades y sacrificios que
esto implica para el pueblo cubano,
la ayuda humanitaria que brindamos
a otros países latinoamericanos
y caribeños azotados por
terribles desastres (Haití,
Chile) o, que intentan hacer efectiva
su independencia y soberanía
política (Venezuela, Bolivia,
Nicaragua, Ecuador) -la cual debieron
alcanzar plenamente doscientos años
atrás…
Que la desunión entre cubanos
condujo al Pacto del Zanjón
en 1878, es un capítulo de
nuestra historia que todavía
debemos estudiar con más
profundidad, para sacar nuestras
propias conclusiones acerca del
verdadero peligro que en la actualidad
y en todo momento encierra dicha
conducta. Lo que jamás debe
conducir a limitar el pensamiento
y la acción renovadora en
nuestra sociedad socialista, justamente
para conocer mejor nuestros problemas
y hallarles soluciones verdaderamente
a la altura de la causa socialista.
Que la desunión nos golpeó,
una y otra vez, en la primera etapa
republicana neocolonial 1902-1958),
en los momentos en que proliferaban
los partidos burgueses que favorecían
el liberalismo corrupto y el reformismo
estéril, ocasionando ello
el descrédito total de la
política liberal burguesa
en Cuba; que la misma desunión
fue fomentada, como una estrategia
de los gobiernos imperialistas de
los EUA y la mafia yaniki, para
que entonces –aún bajo
su “protectorado”-,
tampoco alcanzáramos solución
alguna para nuestra independencia
total, sino que muy por el contrario:
ayudó notablemente a agravar
los males de la nación y
del estado burgués. Mientras
que, por una parte se debilitaban
los sentimientos de identidad cultural
y de pertenencia nacional, por la
otra: los mejores y más valientes
cubanos y cubanas se refugiaban
en los principios y los valores
revolucionarios, principalmente
en los martianos, para sacrificar
hasta sus propias vidas en el altar
de la Patria, y de este modo, ofrecernos
una nueva oportunidad para ser dignos
y libres.
Fueron estos últimos los
que nos condujeron hasta la victoria
del 1º de enero de 1959. Aquellos,
a quienes me referí primero,
los burgueses y su clientela de
toda índole, se evadieron
de la lucha y del sacrificio personal
por salir del subdesarrollo y crear
un país nuevo, y, por la
misma fecha antes mencionada, se
fueron para Miami. Desde allí,
de muchas maneras, han dado nuevo
aliento y respaldo a la causa neo
anexionista, con el beneplácito
del gobierno estadounidense. Son
los antinacionales, que nacieron
en Cuba, pero no quisieron ser cubanos,
sino “ciudadanos de los Estados
Unidos de América”,
para lograr con más facilidad
su realización personal y
disfrutar del “desarrollo”
alcanzado por aquel pueblo -sudando
lo menos posible la camisa. La actual
emigración hacia los EUA,
a partir de los años noventas,
aspira también a mejorar
su situación económica
individual y familiar, pero se desvincula
así del destino de la Patria.
¿Somos “idealistas”
los que permanecemos en Cuba?
¿Qué
ocurriría en Cuba si fallara
el socialismo? ¿Cuál
sería el % de población
beneficiado, cual el de la perjudicada
con el cambio? ¿Cuántos
muertos costaría la inevitable
resistencia interna a una vuelta
atrás y peor, hacia el capitalismo
salvaje, a costa de una gran pérdida
de la independencia y de la soberanía
de nuestra nación? En la
práctica, causaría
su desaparición en manos
del Imperio. ¿Cuándo
entraría en acción
la base militar de Guantánamo
y junto a quiénes estaría?
¿Cuál sería
el costo total de la reversibilidad
del socialismo en Cuba, para América
Latina y el Caribe?
Las respuestas a tales interrogantes
son tan elementales, tan previsibles,
que las dejo a cargo del propio
lector.
No obstante, vale la pena reflexionar
acerca de esa posibilidad, de la
“reversibilidad del socialismo”,
justamente porque ello nos permite
abordar el tema contrario: ¿Cuál
es el costo y el precio que debemos
pagar para la sostenibilidad del
socialismo en Cuba? Y, al llegar
a este punto, reclamo la mayor responsabilidad,
profundidad en la argumentación,
y la visibilidad de una conciencia
política y patriótica
que esté a la altura de nuestra
Historia.
No se pueden banalizar los pensamientos
de Martí, Maceo, Mella, Rubén
Martínez Villena, ni los
de Fidel, y de tantos otros revolucionarios;
ellos han sido el pilar de nuestra
nación, de nuestra identidad,
a lo largo del duro bregar por su
sobrevivencia, por supuesto incluida
entre las naciones independientes
y soberanas.
Somos los mayores responsables de
nuestro futuro inmediato. Por tanto,
fijemos una vez más, y tantas
más cuanto sea necesario,
nuestras posiciones y declaraciones:
éstas deben ser claras, firmes
y consecuentes. Deben estar siempre
en relación directa con la
gravedad del momento histórico
en que, de un modo u otro - con
una posición bien definida
hacia la defensa de la Revolución
cubana- sean asumidas éstas
con el valor que sea necesario,
con el mismo con el que vivimos
y participamos a diario en la construcción
de nuestra patria socialista.
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