Entrevista de Amaury Pérez
al poeta, ensayista y Presidente
de la UNEAC (Unión Nacional
de Escritores y Artistas de Cuba)
Miguel Barnet.
(Tomado
de Cubadebate)
Amaury
Pérez. Buenas noches. Estamos
en “Con dos que se quieran”,
como siempre me gusta decir, en
el corazón de Centro Habana,
en Prado y Trocadero, en el barrio
de Lezama, en los legendarios estudios
de sonido del ICAIC. Hoy nos acompaña,
es un orgullo y un privilegio para
mí recibir al gran poeta,
escritor, ensayista, periodista,
editor, etnólogo, Miguel
Barnet. Muy buenas noches.
Miguel
Barnet. Y víctima tuya ahora.
Amaury
Pérez. No, para nada, se
le quiere mucho. Hay un escritor
cubano, Miguel, que me dijo un día
que los escritores cubanos no se
leían entre sí, que
se odiaban, ¿suscribe usted
ese punto de vista?
Miguel
Barnet. Bueno yo no lo suscribo,
porque ¡imagínate tú!
si no hubiera leído a Cirilo
Villaverde, a Ramón Mesa,
que admiro tanto, Anselmo Suárez
y Romero, a Julián del Casal,
a Zenea, a Alejo Carpentier, a Lino
Novás Calvo, a Nicolás
Guillén, a José Lezama
Lima, a Virgilio Piñera,
entonces ¿qué sería
yo ahora? Sería una burbuja.
Estaría enajenado con escritores
de otras latitudes a quienes admiro
también, pero yo pienso que
los que dejaron una huella y un
legado importante y un camino, una
brecha que pudieron abrir y que
pudimos seguir nosotros, fueron
esos. Y desde luego, Lidia Cabrera,
Fernando Ortiz, que es mi brújula.
Alejo Carpentier, que me despertó
al mundo del Caribe, a la imaginación.
Lezama, que dictó claves
poéticas en mi vida que permanecen
vivas, porque me enseñó,
o nos enseñó que la
poesía, de todos los géneros,
era el género más
abarcador, el mayor.
Leo
a mis contemporáneos también
y tengo una gran valoración
de la literatura que se hace hoy
en Cuba, no soy feminista ni machista,
pero sí admiro mucho la literatura
que hacen las mujeres hoy y también
de algunos de mis compatriotas masculinos.
Creo que uno se nutre de los contemporáneos
y de los que nos han antecedido.
Y creo que odiar, bueno, he tenido
razones para odiar a mucha gente,
pero se me olvida, se me escapa,
es como un perfume malo que no tiene
fijador.
Amaury
Pérez. ¿Los perdona,
los disculpa?
Miguel
Barnet. No soy de vocación
cristiana, pero no conozco el rencor
y no es que los disculpe, pero es
algo evanescente, se va, es un sentimiento
que se escapa de mí muy rápidamente.
A los que me han hecho mucho daño
no los perdono, los tengo engavetados.
A veces cuando me acuerdo de ellos
abro la gaveta y ya podrás
imaginarte los conjuros y la vuelvo
a cerrar. No han tenido buena salud.
Amaury
Pérez. ¿No han tenido
buena salud?
Miguel
Barnet. No, no por culpa mía,
por culpa de ellos, porque el que
odia no puede tener salud. Hay que
cantar.
Amaury
Pérez. Hablemos de escritoras.
Le voy a decir cuatro nombres y
me dice qué opinión
le merecen: Gina Picart, Marilyn
Bobes, Fina García Marrúz,
Dulce María Loynaz.
Miguel
Barnet. Bueno, a mí no me
gusta juzgar.
Amaury
Pérez. No, es sólo
un criterio de gusto.
Miguel
Barnet. Pienso que de todas las
que has mencionado, la escritora
que tiene más dominio de
la palabra y que ha alcanzado una
dimensión poética
y metafórica y tiene un mundo
más coherente es Fina García
Marruz. Para mí es la gran
poeta viva que tenemos en Cuba.
A
Dulce la quise mucho, como sabes,
y la admiro mucho. Por cierto, el
otro día me estaba duchando
en casa y escuchando las canciones
que compusiste, que son bellísimas,
de los poemas de Dulce María
Loynaz, es de lo mejor que has hecho.
Amaury
Pérez. Gracias.
Miguel
Barnet. Sinceramente, y Gina Picart
ha sido una revelación para
mí. Es una escritora rara
y por eso me gusta, además,
osada, atrevida. Va al mundo de
los celtas, de los griegos, a los
clásicos y se desenvuelve
muy bien en ellos. ¿La otra
que me mencionaste?
Amaury
Pérez. Marilyn
Miguel
Barnet. Es mi amiga y la admiro
mucho, creo que Marilyn tiene una
prosa muy clara y de una facilidad
para tejer historias, historias
que parecen sencillas, que parecen
intrascendentes y sin embargo, trascienden
mucho, ella tiene ese don de elevar
las cosas aparentemente cotidianas
a una categoría poética.
Amaury
Pérez. Usted acabó
de cumplir 70 años el pasado
28 de enero.
Miguel
Barnet. Pero por el hecho que haya
cumplido 70 años no te permito
que me trates de usted. Sé
que estamos en la televisión,
pero no me gusta eso de usted contigo.
No me siento cómodo, tú
me dijiste que me sintiera cómodo.
Amaury
Pérez. Cuando uno mira hacia
atrás, siempre hace un balance,
los hace a los 40, a los 50, a los
60, y a los 70 imagino que los balances
sean de más peso, más
sólidos, más densos.
Cuando tú miras hacia atrás
¿cuál es el Miguel
que ves? Cuando andas buscando por
tus recuerdos. ¿Qué
Miguel anda por ahí?
Miguel
Barnet. Un personaje curioso. No
te voy a decir que me cae mal, es
un personaje curioso que se fue
edificando, construyendo su propia
personalidad y fue haciéndolo
a partir de la creación y
siempre he tenido mucha curiosidad.
Precisamente muy cerca de aquí,
en el año 1958, había
una asociación que se llamaba
Asociación de Reporters donde
vi una colección de organografía
afrocubana y nunca había
visto eso organizado, nunca lo había
visto así de golpe.
Era
una exposición que hacían
Argeliers León y María
Teresa Linares sobre instrumentos
de los abakuá, de los lucumíes,
o sea, el cuchi-eremá, el
obiapa, los tambores batá.
No
salí más de ese mundo,
me gustó tanto, me cautivó
tanto. Porque era el mundo que tenía
muy cerca de mi casa y que veía
a distancia y ahí lo veía
de cerca. Los tambores que oía
por la noche, los veía ahí
con sus falderas, con sus cascabeles,
el batá. Me llamó
mucho la atención todo eso
y a partir de ahí se me abrió
el camino de damasco; de la investigación.
Amaury
Pérez. ¿Tú
eres habanero?
Miguel
Barnet. Soy habanero del Vedado.
Amaury
Pérez. ¿Eras de una
familia clase media, clase media
alta, humilde?
Miguel
Barnet. Era una familia humilde
espiritualmente, que por supuesto,
el tema de la africanía no
era afín a ellos. No es que
tuvieran ningún prejuicio,
pero cuando me metí de cabeza
en eso, enseguida aquel chico curioso
se convirtió en un bicho
raro en la familia.
Amaury
Pérez. Por eso tú
dices en un poema que a mí
me estremece, como toda tu poesía,
tengo que decirlo en público.
Miguel
Barnet. Muchas gracias.
Amaury
Pérez. “Pero la familia
sabe que yo no participo del todo.
/ Que me da igual una cosa que la
otra. / El prestigio y las trastadas
silenciosas. / Y un día me
llaman hijo casi con terror”.
¿A qué se refería
Miguel en ese poema?
Miguel
Barnet. Al susto de mi madre que
me veía en esas cosas, en
esas lecturas; mi padre igual, pero
nunca me dijeron: ¡no hagas
eso, no vayas por ahí! Pero
no olvides que la poesía,
que es un género de ficción,
y tú eres novelista también
y he leído tus novelas, son
formas noveladas de interpretar
la vida.
Amaury
Pérez. Ahora estoy intentando
ver en tus ojos claros a ese Miguel
que cumple 70 años gozoso,
con salud, con responsabilidades
altas y con la confianza de sus
discípulos y de las personas
que están bajo su dirección
y de sus compañeros. Tiene
que haber también un Miguel
que sufrió incomprensiones.
¿Qué haces con esas
incomprensiones, también
las engavetas, como a los enemigos?
Miguel
Barnet. No pueden engavetarse porque
no hay gaveta que tenga un espacio
para ellas. Son cosas que no se
olvidan, heridas que no se restañan,
pero no se puede lucrar con eso.
Hay cosas que están más
allá, sentimientos mayores
y pienso, no sé si es un
orgullo o el amor propio que uno
tiene, que es mejor no hablar de
esas cosas, para qué, si
la vida como dije es evanescente,
es tan corta, son cuatro días
y vamos a estar regodeándonos
en eso. Tengo que decirlo con objetividad.
¿Tú estás hablando
del llamado quinquenio gris?
Amaury
Pérez. Yo estoy hablando
de todas las incomprensiones que
una persona talentosa como tú
puede haber pasado.
Miguel
Barnet. Creo que afortunadamente
mis amigos, la sociedad en que vivo,
este pueblo de Cuba que es tan extraordinario,
tan curioso, tan optimista, tan
estoico, tan valiente.
Amaury
Pérez. ¡Tan generoso!
Miguel
Barnet. ¡Tan generoso! Y no
me ha permitido caer en un hueco,
caer en un vacío. En esos
años caminaba mucho, iba
a casa de amigos que no tenían
nada que ver con la cultura. Me
aislé un poco de ese mundo,
porque había como que un
morbo, un círculo vicioso.
Amaury
Pérez. No sentirse víctima.
Miguel
Barnet. No me puedo sentir víctima
nunca. Tengo mucho orgullo para
eso. Ni víctima ni victimario.
Amaury
Pérez. Oficio de Ángel
es una novela de ficción,
pero yo que te conozco y los que
te conocen encontramos una cantidad
tremenda de elementos autobiográficos
más que en otras novelas.
Si un día te diera por escribir
tus memorias ¿serías
capaz de contarlo todo?
Miguel
Barnet. No quisiera tener que contarlo
todo porque iba a ser demasiado
explosivo. Es mejor que el escándalo
esté subyacente. Porque cuando
se hace demasiado evidente a veces
es grotesco.
Amaury
Pérez. Es mucho más
delicado así.
Miguel
Barnet. Contarlo todo es un acto
de extrema vanidad. Creo que hay
que contar las cosas que uno quiere.
En definitiva la memoria es arbitraria,
no te permite nunca contarlo todo
porque la memoria no es una secuencia,
no es cronológica, no es
lineal y es una parte de eso que
yo admiro tanto que es la imaginación,
que es así, como los sueños.
Oficio de Ángel son viñetas,
es muy autobiográfica.
Amaury
Pérez. Muy autobiográfico,
pero sigue siendo ficción.
Miguel
Barnet. Sigue siendo ficción,
todo es ficción, eso es lo
bueno. Acaso no soy un poco Esteban
Montejo, un poco Rachel también,
soy un poco Julián Mesa de
La vida real y el Gallego. Toda
obra literaria, por muy antropológica
o científica que pretenda
ser tiene elementos de tu biografía
personal. No vamos a entrar en la
psicología que es muy pesada.
Amaury
Pérez. No, no, no, y yo que
no sé nada más que
ir al psiquiatra.
Miguel
Barnet. ¿Tú vas al
psiquiatra?
Amaury
Pérez. Sí, yo voy
al psiquiatra, voy al psicólogo
y voy al loquero.
Miguel
Barnet. No chico, no, siéntate
en el muro del Malecón y
mira el mar, ese es el mejor psiquiatra
que hay.
Amaury
Pérez. El mar me pone nervioso,
no soy el capitán Nemo.
Miguel
Barnet. Lee Moby Dick y verás
que se te quita el nerviosismo con
el mar.
Amaury
Pérez. Hay una cosa que no
es ficción, que es Miguel
Barnet, muy jovencito, un adolescente,
en Santa Clara. ¿Qué
fue a hacer Miguel a Santa Clara?
Miguel
Barnet. No. ¿Qué fue
a hacer mi padre, que tuvo que salir
huyendo de La Habana en la época
de Batista? Porque le fue mal en
todo, en los negocios, en la política.
Él tenía un negocio
que quebró y tuvo que irse
a Santa Clara con una compañía
norteamericana. Yo me iba los fines
de semana, a veces me pasaba quince
días con ellos y allí
me cogió la Batalla de Santa
Clara.
Amaury
Pérez. ¿Qué
edad tenías cuando eso?
Miguel
Barnet. Iba a cumplir 18 años.
Amaury
Pérez. Un muchacho, un niño.
Miguel
Barnet. Todavía recuerdo
a los rebeldes caminando por el
techo de mi casa en Santa Clara.
Estuve un tiempo en Santa Clara,
nunca viví permanentemente
porque cuando mis padres me dijeron:
¡Vámonos! yo dije:
¡no! Me quedé con una
tía mía aquí
porque quería estudiar, pero
figúrate, con tan mala suerte
que empecé a estudiar y cerraron
la Universidad. Entonces tuve que
entrar en la Escuela de Publicidad
y ahí tuve la suerte de conocer
gente muy valiosa como Eloísa
Lezama Lima, a Frank Pérez,
que es mi amigo más antiguo,
que fue el que me habló por
primera vez de marxismo, de la Revolución,
en época de Batista. Ahí
conocí a Samuel Feijoo después.
Amaury
Pérez. Hace un rato hablamos
de Algeliers (León) y de
María Teresa Linares. ¿Qué
importancia tiene en tu vida, Algeriers,
específicamente y Fernando
Ortiz?
Miguel
Barnet. Los dos tienen una importancia
cardinal. Argeliers fue mi maestro
directo, con quien comencé
a trabajar. Estaba trabajando en
una compañía norteamericana
antes del Triunfo de la Revolución,
con estos dedos gordos pasaba 82
palabras por minuto en una máquina
de escribir, facturas de neumáticos,
de gomas de la Firestone.
Entendí
muy bien a William Faulkner cuando
dijo que la peor cosa que había
en el mundo era estar 8 horas en
una oficina, y yo digo: ¡Caramba,
yo me paso 10 y 12 a estas altura
con la edad que tengo!
Pero
en aquel momento que estaba muy
joven, 16, 17, 18 años, tenía
que trabajar porque quería
tener mi propio dinero para moverme,
para coger la guagua, para jugar
al bingo en Tropicana, para las
cosas que hacíamos los jóvenes.
Amaury
Pérez. ¿Y ahí
apareció Fernando?
Miguel
Barnet. No, ahí apareció
Argeliers León, a quien había
conocido en este lugar, en Prado
en el 58 que me quedé conectado
con él. Conocí a Don
Fernando unos meses después,
justamente por Argeliers que me
indujo a que fuera a ver a Don Fernando.
Argeliers me llevó después,
cuando triunfó la Revolución
de asistente personal, de secretario
de él.
Estuve
un año de secretario hasta
que entré en el Instituto
de Etnología, con un carné
que decía, las cosas extraordinarias
de la Revolución: Investigador
Científico. Yo tenía
20 años, pero ahí
estudié como 9 años.
Muchos cursos de etnología,
de antropología social, me
formé bastante.
Después
iba a casa de Don Fernando, los
miércoles y los sábados.
¡Figúrate, qué
privilegio! Lo he contado tantas
veces. Don Fernando es mi Dios tutelar.
Fue mi brújula porque toda
su obra fue una gran lección
de visión global integral
de la vida, de intelectual orgánico,
de hombre con una visión
muy cóncava, yendo a todos
los lados del país sin prejuicios.
¡Qué
cosa tan extraordinaria! Un hombre
de la alta burguesía, que
no tuviera ningún recato
en ir a los negros curros, a los
negros brujos, en hacer la obra
inmensa que hizo en los cinco tomos
de los instrumentos de la música
afrocubana, incluso sus contemporáneos,
la gente que lo visitaba en su casa
y yo fui uno de ellos, era el más
bisoño, el más joven.
Sentía
que, con excepción de Argeliers
y de María Teresa Linares,
no tenían un diálogo
con él, un hombre como Jorge
Mañach, por ejemplo, no entendía
a Don Fernando, porque Jorge Mañach
era muy conservador. Y Yo me aproveché
de eso y me gané a Don Fernando,
en el sentido que dialogaba con
él, me sabía sus libros
de memoria. Cuando me leí
Los bailes en el teatro de los negros
en el folklore de Cuba, a los pocos
días fui a casa de Don Fernando
y me los recité y le empecé
a hacer preguntas de los bereberes,
de cómo se prepara una sopera
de Yemayá, de los cabildos,
las cofradías, en fin, las
cosas que a él le motivaban.
Amaury
Pérez. ¿Pero le motivaban
porque era un mundo exótico,
colorido, que le llamaba la atención
o él llegó a involucrarse
pasionalmente en ese mundo?
Miguel
Barnet. Se involucró intelectualmente,
académicamente, como antropólogo
empírico, como historiador.
Entendió muy bien que sin
la comprensión de ese mundo
no se entendería jamás
qué cosa éramos nosotros
los cubanos y su gran preocupación
en la dimensión suya, que
es una dimensión muy alta,
que es mi gran preocupación
también, en otra dimensión
más modesta es: qué
somos los cubanos y por qué
somos como somos. Él fue
el gran pionero de la musicología
en Cuba sin ser musicólogo.
Fue el gran pionero de la antropología
social sin ser un antropólogo
social de formación. La obra
de Don Fernando es una obra infinita
y no me canso de admirarlo mientras
más lo leo. Por eso es que
me decidí a crear la Fundación
Fernando Ortiz en el año
94, bueno, se oficializó
en el 95 y estamos desarrollando
ahí un trabajo intenso.
Amaury
Pérez. ¿Y Fernando
murió sabiendo qué
era ser cubano?
Miguel
Barnet. Creo que se aproximó
bastante a eso que él llamó
la vocación de cubanía,
más que otros intelectuales.
No sé si murió con
esa certeza, pero sí en la
búsqueda; en la búsqueda
de esa interrogante que nos conmueve
a todos, porque sabiendo qué
somos los cubanos como masa, como
mosaicos culturales, sabemos también
qué somos nosotros y por
qué somos capaces de resistir
tantas vicisitudes, tantas contingencias.
Somos
producto de una cultura plagada
de contradicciones, pero de no haber
sido por el impulso que le dio Don
Fernando a sus estudios, quizás
hoy estaríamos todavía
con muchas más interrogantes
de las que tenemos.
Amaury
Pérez. Hay un poema tuyo
que se llama “Los sesentas”,
voy a citar: “Como entonces
no voy a sentir nostalgia / Si ahora
nadie se desnuda bajo la lluvia…”
Miguel
Barnet. “Nadie enarbola una
bandera / Nadie se saca el corazón
y los tira contra las piedras”/.
No
sé como sigue, no me acuerdo.
Pero es verdad, siento una gran
nostalgia. Realmente donde quiero
vivir es en el futuro, no en el
pasado, aunque me alimento del pasado,
como nos alimentamos todos aunque
no lo queramos admitir, nos alimentamos
del pasado porque no hay otra cosa.
Amaury
Pérez. ¿No sientes
una nostalgia especial por aquellos
años fundacionales de los
años sesenta?
Miguel
Barnet. Fue una época extraordinaria,
pero con muchas contradicciones
también. Había que
romper barreras de incomprensión
y de silencio y tengo que decir
que esa lucha, esa batalla que yo
libré contra la modorra,
contra algunas cosas que uno arrastraba
del pasado, me ayudaron mucho a
ser como soy. Siento un poco de
nostalgia, sobre todo porque fueron
los años en que todavía
hacíamos muchas conquistas
amorosas. Ahora ya no es igual.
Amaury
Pérez. No seas modesto. Los
que te conocemos sabemos que todavía
hay.
Miguel
Barnet. No, ese departamento de
mi vida no lo conoce casi nadie,
porque yo he sido en eso muy discreto.
Tú si eres mi amigo y sabes.
Amaury
Pérez. Ahora que me hablas
de discreción, hay un poema,
que a mí me gusta mucho,
que dice: “Pero no vengas
/ Porque lo que yo quiero realmente
es esperarte”.
Miguel
Barnet. Ah, sí, claro, fue
el “Barrio Chino”. Creo
que no hay amor más bello
que el amor platónico. Ese
no es egoísta; no quiere
morder.
Amaury
Pérez. Pero se puede convertir
en obsesión.
Miguel
Barnet. Sí, pero en una obsesión
maravillosa que te da fuerza, que
te estimula. Porque como dice: “pero
no vengas/ porque lo que yo quiero
realmente es esperarte”. Esa
es la idea del amor.
Amaury
Pérez. Pero también
a finales de los 60 se escribieron
muchos poemas al Che. Recuerdo el
de Mirta Aguirre, que era extraordinario,
el de Fina, también, el de
Nicolás…
Miguel
Barnet. Che Comandante.
Amaury
Pérez. Pero “No es
que quiera darte pluma por pistola,
pero el poeta eres tú”,
fue de las cosas más atrevidas
que se escribieron sobre el Che,
de las más apasionadas, de
las más encarnadas. Mucha
gente piensa que la canción
de Pablo es un poema de Miguel Barnet.
Miguel
Barnet. No, él se inspiró.
Amaury
Pérez. Él dice: si
el poeta eres tú / como dijo
el poeta.
Miguel
Barnet. Tú sabes que Pablo
me llamó por teléfono
y me dijo: ¿tú vas
mucho al cine? Le dije: ¡bueno,
voy pero poco, voy más al
teatro! Entonces me dice: ¡ve
al cine en estos días que
en el noticiero hay una sorpresa
para ti! No había escuchado
la canción, que es bellísima.
Fue una cosa muy linda de Pablo
y ese poema lo escribí en
el año 65. No sé si
fue el primer poema que se le hizo
al Che, a lo mejor su papá
le hizo un poema al Che. Sí
sé que ese poema se lo hice
al Che en vida y se publicó
en La Gaceta de Cuba, cuando el
Che todavía no estaba en
Bolivia, estaba en África,
después pasó a Praga.
Amaury
Pérez. Sí, claro,
la historia que conocemos.
Miguel
Barnet. Ese poema lo escribí
en una cajetilla de cigarrillos
que tenía Margarita Dalton,
una amiga mía, la hermana
de Roque Dalton.
Amaury
Pérez. En ese momento Miguel
va dejando atrás todas las
famosas incomprensiones de las que
hablamos antes en el poema “Los
Setentas” que dice: “Y
heme aquí contando las vicarias
de mi bello patio / desenvainando
mi espada / subiendo de mi caída
/ soplando los polvos del atrio
/ tarareando Una rosa de Francia”.
Miguel
Barnet. Así es.
Amaury
Pérez. Vamos a hablar de
Una Rosa de Francia, que ya nadie
concibe si no es cantada por Miguel
Barnet.
Miguel
Barnet. Escribí una vez en
una entrevista que me hicieron,
una boutade, quizás una exageración,
que cambiaría toda la obra
que he hecho, que he escrito, por
haber compuesto una canción
como “Una rosa de Francia”.
A mí me parece una auténtica
joya del cancionero cubano, compuesta
por Rodrigo Prats cuando tenía
16 años, creo que la compuso
en Sagua la Grande y la cantó
bastante bien.
Amaury
Pérez. Tú la cantas
muy bien. ¿Alguna vez pensaste
en convertirte en cantante lírico?
Miguel
Barnet. Sí, claro y muy seriamente.
Me lo tomé tan en serio que
fracasé.
Amaury
Pérez. Es que tengo un recuerdo
fascinante de los dos, estaba también
mi compañera, Petí,
en una catedral en Portugal, en
Oporto.
Miguel
Barnet. Yo te canté el Ave
María de Gounod.
Amaury
Pérez. Pero aquello resonó
en aquella capilla con mucha potencia
canora. No recuerdo la capilla,
recuerdo la voz de Miguel Barnet.
Miguel
Barnet. ¡De verdad!, mira
que me pongo a estudiar canto de
nuevo.
Amaury
Pérez. Hay una cita de otro
poema y quisiera dedicar un tiempo,
porque además no es que uno
trate de buscarle una explicación
a la poesía, sino que uno
quiere entenderla y el público
que nos esté mirando seguramente
disfrutará mucho de este
verso y es de un poema que se llama
Miami.
Miguel
Barnet. “Nada cubano es ajeno
excepto Cuba”
Amaury
Pérez. ¿Qué
quiso decir el autor?
Miguel
Barnet. Ese es un poema que hice
hace unos años y que se ha
publicado en antologías y
claro, Miami es en alguna medida
una parte de nosotros, porque allí
está parte de nuestra familia
y yo soy respetuoso con mucha de
la gente que está en Miami,
que se fue por razones filosóficas
o económicas o por lo que
fuera, pero sí se han detenido
los relojes en Miami, es lo que
quiero decir. Por eso es ese verso
de que en Miami nada cubano es ajeno…
Amaury
Pérez. … excepto Cuba.
Miguel
Barnet. Excepto Cuba, porque la
Cuba nuestra, la Cuba de los cincuenta
años de Revolución,
de socialismo, de contradicciones,
de una vida diferente, pues a veces
por la gran mayoría de quienes
viven en Miami no es asimilada y
eso es lo que quiere decir el verso.
Porque dice: “mira que en
Miami las palabras pesan / mira
que la confusión pesa”,
pero después dice: “mira
que el corazón pesa a pesar
de todo”. Porque está
parte de nuestra familia ahí.
Amaury
Pérez. Bueno, Miguel, tenemos
que empezar por Cimarrón
ya. ¿Cómo es que conoces
a Esteban Montejo? Sé que
esa historia te la han preguntado
en entrevistas, en todos lados,
pero los televidentes de mi programa
estoy seguro que quieren saber eso.
Miguel
Barnet. Lezama decía que
Martí era el misterio que
nos acompañaba, efectivamente,
pero para mí, Esteban Montejo
también es un misterio más
modesto que me acompaña,
porque aprendí mucho de la
historia de Cuba con él,
lo conocí cuado tenía
103 años, en el Hogar del
Veteranos, yo iba a cumplir 23 años
y la primera pregunta que me hice
cuando empecé a oírlo
contar las historias de su vida
en el monte, en los barracones,
de cimarrón en las sierras
de Guamuaya, por allá por
Trinidad, dije: “¿Cómo
es posible que ningún escritor,
que ningún historiador, se
haya acercado a este hombre?”
Me dije: ¡Tengo que hacer
algo con esta vida! Y así
fue que surgió Cimarrón.
Y después todo lo demás.
Amaury
Pérez. ¡Qué
raro que no se ha llevado nunca
al cine, porque se llevó
al cine Gallego y Canción
de Rachel!
Miguel
Barnet. ¡La bella del Alhambra!
Amaury
Pérez. ¿Qué
ha pasado con Cimarrón? ¡Qué
raro! Un libro tan atractivo y yo
lo veo muy cinematográfico.
Miguel
Barnet. También lo veo muy
cinematográfico y ese es
el temor mío, de verlo demasiado
cinematográfico, porque no
me gustaría ver a Esteban
Montejo encarnado en nadie, honestamente.
Amaury
Pérez. Esperemos que alguien
se atreva.
Miguel
Barnet. ¡Ojala, pero que se
atreva estando vivo yo!
Amaury
Pérez. Pues tienes que dejarlo
en el testamento
Miguel
Barnet. Voy a echarle una maldición.
Amaury
Pérez. Miguel, hablemos brevemente
de tu etapa en Nueva York, tú
hablas y lees inglés perfectamente.
Miguel
Barnet. Lo leo perfectamente pero
lo hablo más o menos, hago
mi esfuerzo.
Amaury
Pérez. ¿Qué
tiempo estuviste tú viviendo
en Nueva York?
Miguel
Barnet. He ido muchas veces, pero
viví un año y tres
meses cuando obtuve la beca de la
Fundación Guggenheim. Hice
el libro La vida real, que es un
libro que quiero mucho, de ese sí
me gustaría que se hiciera
una película, están
los ambientes, están las
locaciones y la historia es muy
cercana porque a mí me interesa
mucho el tema de la inmigración.
De hecho todos mis libros, todas
mis novelas tienen que ver con inmigrantes.
Ahí
estuve año y medio y después
entregué el libro a la Guggenheim
vine para Cuba, el libro se publicó
y regresé allá, estuve
otros tres meses, una experiencia
tremenda porque Nueva York es una
ciudad muy compleja, muy rica y
donde uno vive experiencias tremendas.
Truman Capote decía que en
Nueva York uno tenía varios
rostros y varias personalidades
y es verdad. Caminas tres cuadras
y es un mundo diferente al que dejaste
atrás.
Amaury
Pérez. Es muy curioso Miguel,
tú eres de lo más
cubano que conozco y sin embargo,
te gusta la nieve, te gustan los
abedules, te gustan los abetos.
Miguel
Barnet. Hubiera querido que El Morro
estuviera cubierto de nieve desde
octubre hasta marzo, por lo menos,
porque a mí el calor no me
gusta nada.
Amaury
Pérez. Pertenecemos a un
grupo, es una cofradía. Ahí
está Alfredo, está
Silvio, está Eusebio…
Miguel
Barnet. Alicia Alonso, que es una
mujer tan extraordinaria, a quien
quiero tanto, decía que un
día los japoneses iban a
inventar un software en que uno
no tuviera que coger aviones, que
uno cerrara los ojos y ya apareciera
en otro país. Eso sería
ideal.
Amaury
Pérez. Y nos sacábamos
de arriba el calor.
Miguel
Barnet. Creo que algún día
nevará en La Habana.
Amaury
Pérez, ¿Quién
dijo en tu familia “Patria
o Muerte, Amén”?
Miguel
Barnet. ¡Yo!
Amaury
Pérez. Sin embargo, tú
no eres un hombre de filiaciones
religiosas marcadas; pero eres una
persona mística, evidentemente.
Miguel
Barnet. Sí, bueno, si no
fuera un místico no estaría
sentado aquí contigo, tenemos
que tener una mística. Esta
maravilla que vivimos en este país,
esta Revolución que hemos
vivido con todos sus logros y sus
reveses, con todo, se tiene que
vivir como una gran mística,
y el fruto de ella se ve hoy en
el mundo…, yo siento un orgullo
tan grande…, y esa es la mística.
Amaury
Pérez. Eso que has dicho,
me lleva a una de las frases más
importantes que se han dicho en
50 años en la poesía
cubana. Siempre digo es mi criterio:
“Yo soy el que anda por ahí
empujando un país”.
Esa frase, por supuesto, es de Miguel
Barnet. ¿Qué ocurrió
durante los años en que estuvo
representando a Cuba en la UNESCO?
Creo que todavía andas cumpliendo
funciones vinculadas con la UNESCO
en París.
Miguel
Barnet. Ya no estoy en el Consejo
Ejecutivo, pero soy uno de los vicepresidentes
del Comité de la Ruta del
Esclavo, que es un tema que llevamos
en Cuba que lo llevo yo con el apoyo
de amigos y compañeros muy
valiosos como Jesús Guanche.
Amaury
Pérez. ¿Empujando
un país?
Miguel
Barnet. ¿Qué fue lo
que hizo Fernando Ortiz siempre,
qué fue lo que hizo Lezama
Lima, qué fue lo que hizo
Alejo, qué es lo que hacemos
los escritores y artistas cubanos?
Aún los que no están
aquí, aún los que
no están aquí estamos
empujando este país hacia
el futuro, hacia esa otra dimensión,
no se puede cansar uno de llevar
las riendas, yo me siento que estoy
haciendo algo útil. Por eso
digo, “Así que perdonen
si no escucho/Las quejas de mis
contemporáneos/ Yo no puedo
hacer otra cosa/que seguir empujando
un país”, y lo hago
con mucho orgullo, con mucho amor
y pienso que esa mística
da frutos, que es lo que estás
haciendo tú también.
Amaury
Pérez. Muchas gracias, Miguel,
ha sido un gusto vivir el tiempo
tuyo también.
Miguel
Barnet. Gracias.
Amaury
Pérez. Te quiero mucho.
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